Introducción:

Patas Arriba es un libro netamente izquierdista, escrito en 1998, por Eduardo Galeano, un periodista uruguayo. Pese a que ya han pasado casi 12 años de la publicación del mismo, las personas aún siguen reclamando, quejándose y mandando cadenas en los e-mails con los temas que Galeano toca en su obra. Dentro de ella vemos ilustraciones de Guadalupe Posada, y cuadros explicativos acerca de las injusticias que el autor clama, con ejemplos que en su momento habrán resultado contundentes, pero que al día de hoy habrán perdido brillo y sorpresa porque en la actualidad son el pan de todos los días. La izquierda populista mal planeada;  y los “filósofos” que lamentablemente ya podemos encontrar en cualquier lugar, desde las esquinas hasta los discos de música, pasando por las bandejas de entrada del correo electrónico; han logrado en base a repetir las mismas quejas de siempre, que el público pierda gran parte del interés (si alguna vez lo tuvieron) en participar en contrarrestar estos hechos.

 

Muchos empresarios han estado convencidos de que la selección natural de Darwin aplica también a sus prácticas monopólicas y despiadadas, que afectan a unos cuantos y favorecen a unos pocos. Al pertenecer a un país superior, económicamente hablando, creen que les da el derecho de venir a invadirnos con sus franquicias y corromper a nuestro sacro gobierno. Nuestro sacro gobierno-que-es-el-títere-de-estados-unidos, como  nos da a entender Galeano. Es decir, el abominable EUA, el papá de todos los males que nos aquejan, el único culpable de que seamos unos simios bajo el umbral de la pobreza. No, nosotros no tenemos la culpa. Es todo culpa de los gringos. Nombre un mal y le apuesto un cartón de caguamas a que los gringos tienen la culpa.

Las empresas más exitosas son las que contaminan más (claro, por supuesto, genio), los países que custodian la paz son los que más armas fabrican (Suiza, ahí te hablan, monstruo armamentista) y la salvación del ambiente es un brillante negocio (por eso los hippies piojosos se transportan en Ferraris).

La siguiente sección habla de lo maleducados que están los niños hijos de poderosos, los muy malvados. Se les obliga a comer fast food, viven en el highway de la información, hacen shopping con el dinero que sus monopolistas padres le han arrebatado al indefenso pueblo, no juegan con juguetes tradicionales de cartón y madera porque ya hay un simulador de trompos y yoyos en la App Store para su iPhone, menospreciando a los niños de su misma edad, pero con menos poder adquisitivo.  Sí, esos que trabajan en las plantas de algodón del sur, aquellos que se internan en una mina para asegurarse que los canarios sobrevivirán cuando entren, los que maquilan la ropa para las transnacionales. Sí, esos. (NOTA: esta parte del libro es única en la que estoy medianamente de acuerdo-Ed).

Esos niños al crecer se convertirán en los más peligrosos criminales que amenazarán a los buenos ciudadanos. A la clase media, claro, pues los pobres no se pueden robar entre ellos, y los ricos están demasiado ocupados criando a sus niños en los ciber-cafés.

Otra culpable de que el mundo sea una fosa séptica es la publicidad. Otro ogro feo y con un garrote que nos dice “puedes ver, pero en tu patética existencia nunca lograrás tocar”. ¿Para qué se molestan los ricos en presentar publicidad a los pobres? Es como darle a una invitación a un negro para que entre el Ku Klux Klan. Simplemente no, no se puede. ¿Igualar a la sociedad y formar una única clase social? Señores gringos, no lo hagan, por favor. ¿Cómo creen que vamos a inventar teorías de conspiración si todos formamos parte del mismo grupo? En serio, se los suplicamos.

¿Y a quién culparemos de los brotes de violencia? A los empresarios lame botas de USA, por supuesto. Ah, y a los videojuegos. Sí, señoras y señores, Eduardo Galeana ha descubierto algo que los científicos ya sospechaban, los videojuegos violentos son los únicos emisores del “rayo malvado”. Este rayo malvado consiste en que si juegas algo violento, mágica y misteriosamente te harás alguien violento. Si robas un coche en Grand Theft Auto (perdone usted la redundancia), ten por seguro a que harás lo mismo en la vida real. Es por eso que Gears of War  incrementó las ventas de moto sierras, claro. Es evidente.

Ah, pero estábamos hablando de la desigualdad, ¿no, señor Galeana? Vamos a poner cifras y porcentajes  a medias, para alarmar al  estadista que todos llevamos dentro. Diga que la cifra de dinero de los ricos se ha incrementado en detrimento de los pobres (cosa cierta, no lo dudo), pero ignore que ingreso per cápita de los países en vías de desarrollo se ha incrementado a la par de esa desigualdad. Oh, disculpe, no contaba con su lógico argumento: si un pobre recibe nada y un rico gana $1000, el promedio es de $500. Lamento no estar a su nivel intelectual.

¿Qué hay acerca de las medidas económicas que USA domina, pero que nadie tiene derecho a compatir? (La UE, Japón, Brasil y México son puntos imaginarios en el mapa, en realidad no los tomaremos en cuenta). Ellos la maldijeron, y luego la hicieron suya. ¿Qué eso no pasa todos los días, en cada aspecto de la vida? Ah, pero si un gringo no tiene la culpa, no tiene caso discutirlo. ¿Para qué?

Racismo y machismo, no niego que sean prácticas aberrantes y que sigan siendo el pan de cada día para algunas comunidades, pero gran parte de ese capítulo está dedicado a hechos pasados. Así, entonces podemos denunciar que los antiguos habitantes de la Isla de Pascua practicaban el canibalismo hace 400 años. Sé que antes las mujeres no tenían la suficiente categoría como pare elegir a su gobernante favorito, y que hasta que Martin Luther King se armó de valor los negros pudieron elegir el baño en el que podían defecar; pero necesito datos concretos, de ahora. Que si decir “eres un indio” es despectivo pero no está bien infundado, es el equivalente a menospreciar a un homosexual, muy bien.

En la industria del miedo, da cuenta de cómo las armas se han logrado infiltrar en nuestras casas, siendo nosotros las que las compramos. No, esperen, nosotros no. Son los gringos, pues un negro o un latino por lo general no puede darse el lujo de pagar 1500 dólares por una Colt o una Beretta. Pero un norteamericano, sí. La paranoia de que un tipo entre a nuestra casa y dispare a quemarropa es aterradora, así que cada vez invertimos más en cámaras ocultas, rejas impenetrables o perros guardianes. Nuestras cárceles se llenarán de harapientos y drogadictos, y nosotros estaremos felices al poder salir ebrios a las 4 de la mañana sin peligro alguno.

Las opiniones aquí expresadas son de carácter educativo, y no corresponden a Rubén García o alguna de sus partes, sólo reflejan el resumen de ideas de un libro que no corresponde con sus ideales. Ni Rubén García ni sus asociados se hacen responsables del posible debate que este trabajo podría o no ocasionar.

 

Conclusión

No concuerdo con la visión maniquea e incompleta de Galeana. Sé que hizo un gran trabajo de investigación al consultar a catedráticos universitarios, pero todo está empapado de un estilo izquierdista que personalmente no soporto. Le agradezco el haberme presentado ciertas situaciones que no son justas, pero para las cuales no ofrece solución. Lo que viene a ser lo mismo que quejarse y no votar. Eso sí, los conspiracionistas tendrán muy buen material para sus pláticas. Yo se los recomendaría ampliamente.